El Vips
El Vips, con sus cosas, sigue siendo un refugio seguro en la jungla de las franquicias
Tortitas del VIPS
Hola, capturadores (*)
A lo largo de mi vida he ido sumando refugios. Esos en los que me siento segura en determinadas situaciones y momentos. Que me reconfortan cuando algo se me desbarata. El caldito de pollo que de vez en cuando busco. En mi caso, en sentido literal, porque cuando me siento vulnerable siempre me apetece algo calentito en casa. O hacerme unas patatas fritas. La música también cumple su papel, porque cuando necesito un poco de cafeína, la sustituyo por el 'Grita' de Vega y cuando lo que busco es melatonina, escucho el 'Norwegian Wood' de Los Beatles.
Pero durante muchos años, cuando la cosa se complicaba por horarios, no quería sorpresas, había que poner de acuerdo a varias personas con gustos distintos para cenar o, simplemente, me apetecía comerme un sandwich sin sorpresas, siempre encontraba un asiento en el Vips. Que tampoco hay que ponerse tan intensos ni tan exquisitos.
Cuando llegué a Valencia, en 2003, para empezar la universidad, sólo conocía esta mítica cadena de restaurantes porque alguna vez había entrado a merendar tortitas en uno de los viajes que los que vivíamos en una ciudad tan pequeña como la mía hacíamos a la capital para comprar algo de ropa o ver algún musical. Así que cuando te cansabas de recorrer todas las franquicias de Inditex, buscabas hidratos con un buen chorro de sirope de chocolate, sentada en un sofá de sky rojo. Pero, mi primer sandwich Vips lo probé en Valencia, en el local que la cadena tiene en la Gran Vía. En la antesala del comedor había un bazar fascinante. Una especie de tienda de conveniencia de esas con las que ahora nos volvemos locos todos los que viajamos a Asia. Objetos curiosos, libros, catálogos de moda, revistas, regalos de última hora, algo de picotear y muchas ofertas, que te permitían hacer la espera mucho más amena o acudir a la tienda para tapar un agujero antes de acudir a un cumpleaños o asistir a alguna cena cerca para la que no habías caído en comprar un detalle. La tienda del Vips siempre era la solución. Además, sus horarios permitían compatibilizar la vida laboral de los periodistas con el ocio, porque el Vips cerraba tardísimo y abría los siete días de la semana. La tienda y el restaurante. Así que podías acudir a comerte un Fundy O'clock o una ensalada César a la hora que fuera y si, encima, se te hacía tarde, podías cotillear el periódico del día siguiente, porque a su tienda era uno de los primeros sitios a los que llegaba el diario que tú acababas de cerrar. Aunque estuvieras de becaria. Así que el Vips te permitía irte tranquila a la cama, porque la competencia no llevaba ningún tema distinto, y encima lo hacías bien cenada.
Además, para alguien de una ciudad pequeña como yo, la carta era casi exótica, porque las combinaciones de sándwiches me parecían una fantasía y las ensaladas con esos aliños sólo las había visto en las pelis. Diría que, después del mixto de Ruiz, los sádwiches del Vips me hicieron hacerme la gran aficionada que soy hoy a los emparedados.
Años después, la tienda de Valencia (y todas las demás) cerraron y los locales ganaron ese espacio para aumentar las mesas. En esa época yo ya ganaba mi primer sueldo, así que ir al Vips los domingos por la noche con amigos se comenzó a convertir en un plan. Sentir ese lugar como un refugio. Como nuestro Central Perk, pero con Coca-Cola light (¿qué fue de ella?) ilimitada. El menú, siempre el mismo. Ensalada Louisiana sin pimiento rojo para compartir y de segundo un Vips Club o el salteado de pollo oriental, en semanas alternas. Ese plato de trocitos de pollo con salsa teriyaki, arroz blanco y anacardos siempre me pareció mágico, sofisticado, y una de mis primeras incursiones en la comida asiática (sic). 20 años después, sigo teniendo los mismos gustos. Aunque ahora lo que retiro es el bacon del sandwich, que me he hecho mayor.
Por aquel entonces llegamos a tener la tarjeta de puntos, donde nos acumulaban las cenas de los domingos para que las del domingo siguiente nos salieran un poco más baratas. Así, nos hicimos muy fieles al local. Y pasó a convertirse en una especie de lugar seguro. No sólo por el ambiente, con mucha rotación. Sino porque la comida siempre sabía igual. No había un mal día. Nunca una hoja mustia en la ensalada. Nuestro Vips era la pura regularidad. Como nuestras quedadas de los domingos. Un refugio frente a casi todo.
Luego, pasó el tiempo y el grupo se deshizo. Creo que nunca he vuelto a pisar ese Vips, porque ni me pilla a mano ni el ambiente de aquellos años ha vuelto a ser el mismo. De hecho, ahora voy poco a estos locales, pero si lo hago, voy al de Nuevo Centro o al del Saler, porque mi amiga Isa dice que son los mejores de la ciudad.
El negocio ha cambiado mucho, la carta se ha ampliado hasta horizontes y combinaciones en las que no me suelo adentrar y los precios, como los de casi todo, ya no son los que eran. Pero el Vips, con sus cosas, sigue siendo un refugio seguro en la jungla de las franquicias. Por no hablar de que sus locales llevan siglos permitiendo hacer una de mis comidas favoritas a deshora, sin miradas raras: la merienda. Al Vips siempre se ha podido entrar a cualquier hora y pedir sólo unas tortitas, un batido o una ensalada tardía. Nadie te mira raro. Nadie te pregunta. Nadie te juzga. Nadie te pone minutos al rato que pasas en la mesa ni te invita a irte. Eso, hoy en día, ya es mucho. Y encima el sándwich Vips Club sigue estando tan bueno como siempre y la segunda bebida sigue siendo gratis. Así que en breve me hago un Vips. Por los viejos tiempos.
(*) Esta carta fue publicada el 11 de abril de 2024 en Captura de pantalla, en el diario Las Provincias.
💁🏽♀️ Ayúdame: Esta carta sólo llega por correo, no la encontrarás en ningún sitio más. Comparte si quieres algo de esta newsletter en tus redes y etiquétame o usa el hashtag #capturadepantalla para ayudarme a llegar también a tus amigos. También me puedes recomendar si tú también tienes una newsletter. Me ayudará a volver a tener lectores, que con la mudanza los he perdido.
💌 Suscríbete: Si has llegado aquí porque alguien te ha hecho llegar esta newsletter, puedes apuntarte para que te llegue la semana que viene a ti.
✍🏻 Escríbeme: si quieres contarme algo, estoy en martacapturadepantalla@gmail.com y no sabes la ilusión que me hace recibir vuestros mensajes.
Gracias por leerme
Marta



